El jazz latino

Los hispanos han sufrido el racismo musical de manera especialmente cruenta; ¡ni siquiera eran afroamericanos! Luego, no había political correctness alguna que los protegiera. Pero ¿de dónde había surgido esa legión de cubanos, puertorriqueños, brasileños, argentinos, dominicanos, panameños, que hacían revivir el jazz con una alegría inédita desde los tiempos en que este género musical daba sus primeros pasos?
Todos esos hombres que lograron hacerse sitio en las mejores orquestas, no eran un simple añadido de percusión afrocaribeña para dar "sabor" a una música que comenzaba a necesitarlo. Para pasar los múltiples filtros tuvieron que demostrar que eran grandes entre los grandes. No se trataba de músicos populares más o menos intuitivos. Muchos de ellos eran músicos consagrados en todos los géneros que dominaban el lenguaje clásico y el jazzístico, al tiempo que por sus venas corría, irrefrenable, el aliento de la música popular de sus países de origen y el tronco común africano que latía en todas ellas. Porque si algo es toda esta pléyade de talentos, es que son rompedores natos de barreras. Musicales, culturales, políticas...
- Mario Bauzá -
Mario Bauzá, el auténtico creador del jazz afrocubano, conseguía, sin que nadie se lo regalara, un puesto de honor en las orquestas de Chick Webb y Cab Calloway; Chano Pozo incorporó las percusiones cubanas y sus polirritmos a la orquesta de Dizzy Gillespie en la primera experiencia de fusión del jazz americano con la música latina; Juan Tizol se convirtió en pieza clave de la orquesta de Duke Ellington, para quien compondría temas hoy inmortales como "Caravan" o "Perdido". Mongo Santamaría, nieto de esclavos, llegó a las orquestas de Tito Puente y Carl Tjader. Por no hablar de Chico O'Farrill, arreglista de Count Basie, Benny Goodman, Stan Kenton o Machito, cuyas composiciones han tocado desde Charlie Parker a Dizzy Gillespie. ¿Se imaginan si "Chombo" Silva, el modesto saxo cubano que emigró en los cincuenta a Estados Unidos para tocar en el grupo de Carl Tjader, hubiera sido norteamericano? Hoy sería uno de los grandes nombres de su instrumento que nadie se atrevería a poner en cuestión.

Los ritmos latinos han seducido desde Coleman Hawkins a Chet Baker, desde Stan Getz a Gerry Mulligan, desde Errol Garner a McCoy Tyner, desde Frank Sinatra a Ella Fitzgerald, desde Phil Woods a Wynton Marsalis, y cada vez que el jazz desfallecía en callejones sin salida, donde el teórico prevalecía muchas veces sobre lo musical, los más avispados jazzistas han ido a beber a las fuentes de la música latina para recobrar nuevo vigor e inspiración, para poder andar de nuevo. Pero lo latino, eso que Jerry Roll Morton llamaba el latin tinge (el "gustillo" latino), estuvo presente en el jazz desde sus inicios, en el rag-time y en la música de Nueva Orleans,


- Mongo Santamaría -
pues a pesar de que los protestantes prohibieron los tambores y bailes a los esclavos negros, en el Caribe los católicos fueron más transigentes con las músicas y los ritos; y así la música afrocubana pudo desarrollarse durante los siglos XIX y XX. Y en el Caribe y Nueva Orleans nunca estuvieron aislados, sino que, al contrario, hubo una constante influencia mutua. Cuando en la década de los cuarenta tuvieron lugar los primeros experimentos de jazz afrocubano con la orquesta de Machito y Mario Bauzá y en las fusiones de a Dizzy Gillespie.y Chano Pozo, simultáneamente, en Cuba, músicos como Bebo Valdés, Armando Romeu, Frank Emilio, Peruchín, Cachao, "el Negro" Vivar, etc ..., influidos a su vez por el jazz norteamericano, crearon en la isla un movimiento paralelo de jazz latino con las descargas como equivalentes de las jam sessions del jazz.
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